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LOL-KIN CASTAÑEDA BADILLO, ACTIVISTA MEXICANA
deia.com 31/12/2009

La población lésbico-gay de América Latina está de enhorabuena. En una semana, Ciudad de México ha dado luz verde a los matrimonios entre personas del mismo sexo y en Argentina se ha celebrado la primera boda homosexual. Dos grandes triunfos tras años de lucha. El caso argentino, ha sido el permiso de la gobernadora de Tierra de fuego el que ha hecho posible la unión. Sin embargo, en Ciudad de México, las parejas homosexuales que deseen unirse en matrimonio podrán hacerlo en igualdad de condiciones, sin concesiones de por medio, cuando la ley entre en vigor en 45 días. Lol-Kin Castañeda, activista por los derechos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB), analiza esta iniciativa, de la que asegura que es el punto de partida para dar "la gran batalla a la ignorancia y el conservadurismo", sentencia.

Usted ha sido candidata a diputada local en Distrito Federal por el Partido Socialdemócrata, la formación que ha impulsado la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Así es. El logro de esta candidatura fue poner sobre la mesa la agenda de derechos del colectivo LGTB en el partido. Quien llegara tenía que defender estos temas y es lo que ocurre finalmente con David Razú. Es quien llega del socialdemócrata y el que impulsa la iniciativa.

Se ha generado en México un fuerte debate en torno a esta iniciativa, con durísimas declaraciones por parte de los sectores conservadores y de la Iglesia...

No ha sido fácil, porque la batalla más grande hay que darla contra la ignorancia, que genera tanto temor, tanta discriminación. El oscurantismo genera muchísimos enemigos, y no sólo el oscurantismo, sino el conservadurismo. Sabemos que la lucha no ha terminado, sabemos que hay declaraciones que incitan al odio, a la desorganización social. México es un país laico y estamos exigiendo a la Iglesia católica que no incite al odio, que respete los procesos sociales.

Aunque la oposición también ha venido de sectores que se dicen progresistas...

Nos sorprende muchísimo que haya sido una diputada federal, Enoé Uranga -del izquierdista Partido por la Revolución Democrática (PRD)-, quien se dice líder del movimiento LGTB, la que haya dado toda la argumentación conservadora al Partido de Acción Nacional (PAN) para ir en contra de la iniciativa. Uranga ha dicho que si se aprobaba la reforma, la embestida homofóbica iba a ser muy grande. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Detenemos la agenda? ¿Nos metemos de nuevo en el armario? Las organizaciones necesitamos sumarnos desde todos los frentes, llenar el escenario de argumentación. Y eso sí que no han podido tirarlo, la solidez jurídica, la argumentación... Por eso echan mano de temores basados en la discriminación.

¿Hay temor entre el colectivo LGTB?

Tenemos una responsabilidad muy grande, la de llevar a buen puerto este triunfo, porque la mayoría de la población LGTB todavía tiene miedo a salir del armario. Si no generamos un espacio de respeto, de inclusión, de reconocimiento, lo que va a suceder es que la gente va a preferir no salir a defender sus derechos. Hemos decidido echar mano de todos los foros, debates, liderazgos y llevar la transformación a los hogares, a la sociedad. Acompañadas, por supuesto, de legislaciones sólidas. Y en este sentido, no solamente tenemos que defendernos de la derecha conservadora eclesiástica y del PAN, sino que tenemos que defendernos de la derecha más conservadora del LGTB. Es una locura, una locura que nos compromete en un esfuerzo las 24 horas del día todos los días. Necesitamos gente comprometida desde sus trincheras, un movimiento LGTB más fuerte.

El gobernante Partido Acción Nacional (PAN) y parte del Partido Revolucionario Institucional (PRI) han anunciado ya medidas contra la reforma. ¿Temen que les puedan ganar la batalla?

Sabemos que el PRI es como una veleta, que puede pactar en cualquier sentido. Tiene tan sólida su clientela que no le interesa legislar por la sociedad ni representarla. Y ahí tenemos el reto de acercarnos también al PRI. Sabemos que este tema pudo salir adelante en el DF por la coyuntura de izquierda, que gobierna en la ciudad, y sabemos que no es el mismo escenario en la Cámara de Diputados federal, donde el PRI y el PAN tienen mayoría. Así que tenemos que fortalecernos en los estados del país para poder incidir en las legislaciones locales. Mientras eso no suceda, tendremos un Distrito Federal puntero en derechos y unos estados yendo hacia atrás.

Así ocurrió con la despenalización del aborto. El DF se puso a la vanguardia de América Latina en 2007 y, como respuesta, 18 de los 32 estados del país han penalizado la interrupción del embarazo...

Ha sido tan contundente la falta de organización social que se ha permitido que avancen estas medidas, sin nadie que los frene, sin nadie que los cuestione. Cuando ya las legislaciones se han aprobado es cuando se plantea ¿qué pasó? Nosotras tenemos que adelantarnos dos pasos y comenzar a incidir, a organizar y a compartir experiencias en términos locales para que puedan tener sus propios procesos.

El DF adoptó en 2007 la ley de Sociedad de Convivencia, que otorgaba algunos derechos a las parejas del mismo sexo. ¿Hay más aceptación a partir de esta ley?

Sí. Es como ponerle nombre. Nuestras familias ya existían pero faltaba que la ley las reconociera. Cuando tú le pones nombre a algo, simbólicamente le das un lugar y eso genera tranquilidad a quien no conoce esta realidad. Sociedad de Convivencia nos ha ayudado a avanzar en el sentido de que ya dicen ah, son pareja. Aunque en realidad, el problema es que tras ese triunfo ha venido una gran desmovilización en términos sociales, porque mucha gente pensó que ya teníamos los mismos derechos, y no es así. Aún era discriminatoria porque no había equidad e igualdad de derechos.

¿Se da en el DF el mismo proceso de aceptación con mujeres lesbianas que con hombres homosexuales?

Soy muy crítica en ese sentido. Las lesbianas en la Ciudad de México tenemos muchísimas cosas en contra. La primera es una discriminación muy clara por ser lesbianas, por todo este velo sexual, moral. Y por otro lado, la misoginia que vivimos. Y esa misoginia también proviene del sector gay. Los peores embistes que he sufrido como activista han venido de compañeros gay. Algunos se han querido enquistar en el poder y han generado fracturas dentro del movimiento LGTB. Al punto de que en este movimiento, hay muy pocas lesbianas. Más bien, están trabajando en el movimiento lésbico, haciendo sus propios procesos. Hay una grave falta de reconocimiento y una apropiación de la voz colectiva a partir de una sola identidad.

 

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GUÍA PARA DECÍRSELO A LOS PADRES

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