| MI PAPÁ ES GAY, ¿Y QUÉ? |
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Dos jóvenes enamorados contraen matrimonio, tienen dos hijas y viven felices en familia durante varios años. Por sorpresa, un día como cualquier otro, él rompe el vínculo conyugal porque sus sentimientos y atracción los había fijado en otra persona de su mismo sexo. Decide separarse de su mujer e intentar ser feliz a pesar de la carga social que esto le implicaría. Motivo éste, que no le permitía sincerarse con sus hijas. La mayor preocupación de ese joven enamorado de otro hombre era en el temor al momento de enfrentarse a sus hijas, dos niñas que sin culpa alguna estaban implicadas en una situación jamás imaginada por ellas. Si en la sociedad actual aún hoy no es fácil salir del armario en ciertos lugares, dar ese paso frente a sus propias hijas era aún más complicado. Con el paso del tiempo, nuestro amigo decidió rehacer su vida y ocultar su sexualidad que, al fin y al cabo, no cambiaba en nada su vinculación entre padre e hijas. Aunque sabía que ese momento de sinceramiento llegaría y, a pesar de imaginar que no sería fácil, ansiaba, como cualquier padre, poder disfrutar y compartir sus sentimientos y su vida con las personas que más amaba, sus hijas. Sin embargo, de golpe y porrazo, fueron ellas quienes descubrieron que su padre era gay: el joven que hizo lo que pudo para que sus hijas fueran felices, que ocultó su vida sin compartirla y disfrutarla con ellas, quizás egoístamente, para no tener que explicarles una situación complicada, que por suerte hoy está normalizada en gran parte del mundo. Por lo que he sabido, estas dos niñas no han pensado en la sexualidad de su padre, ni han cuestionado el porqué de su actitud esquiva, sólo han sentido el cariño y el amor que tienen cuando están con él. Se han puesto frente al espejo y se han dicho: “Mi papá es gay, ¿y qué? Es mi papá. Es el de siempre, nos quiere y lo queremos, y de aquí en adelante podremos compartir muchas cosas que nos unirán y nos harán en el futuro personas sin prejuicios, sinceras, tolerantes, honestas y felices”. Hoy en día, muchos jóvenes viven dentro de ese recurrente armario sin poder ser felices por completo por miedo al rechazo por parte de sus hijos, de sus padres, de sus esposas o novias; perpetúan una relación de pareja heterosexual, sufriendo y no permitiendo egoístamente a la otra persona rehacer su vida a tiempo. Por miedo al rechazo, a la posibilidad de perder a sus hijos, siguen escondidos viviendo una constante lucha interna que no les permite llegar a conseguir vivir la verdadera felicidad. Gay, heterosexual, rubio, moreno, blanco o negro, nada de esto cambia el cariño de un hijo por un padre o viceversa. Hay algo más importante que todo eso: el amor.
lavozlibre.com | 24/02/2010 |





