| DAVID Y JONATAN: SOBRE EL TRATAMIENTO REPARATIVO A HOMOSEXUALES |
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FECHA: 01/07/2010 FUENTE: página web de "la voz de asturia"
Sin embargo, tal fábula peligrosa hace que algunos, debido a la imposición de sus familiares que juzgan su sexualidad como una inmensa desgracia, condenándolos a padecer la angustia de tener que vivir en la clandestinidad, simulando y fingiendo, se sometan a las prescripciones de un médico, en realidad un exorcista que los considera pecadores, cuyas almas deben ser liberadas de ese nefanda mácula mediante un tratamiento a base de pastillas, descargas eléctricas y lavado, planchado y almidonado de cerebro, lo que no es más que una forma de tortura sin el resultado apetecido por el torturador, ya que lo más que se consigue es convertir en un medio ser a la víctima. No, no es justo y sí una impiedad monstruosa ofender con ese lenguaje nazi a un numeroso colectivo de la ciudadanía que en muchos países todavía debe llevar una vida oculta para mantener la cabeza en su sitio y no morir perdiéndola de un hachazo; gentes que aquí mismo, hasta hace muy poco tiempo, sufrían y lloraban más lágrimas que las arenas de las playas y los desiertos y que, sin duda, ahora, con esta vuelta de matraca a propósito del diagnóstico malicioso de su enfermedad, se estremecen heridos de rabia, recordando tanto dolor, tanto miedo a la burla, al castigo, al ostracismo, a la muerte social; gentes que aún no se atreven a manifestar afecto a su pareja en lugares públicos por temor a molestar o a que se les llame la atención o se les eche del local. Y la ofensa de marcarlos como enfermos, que no se curan porque no quieren y prefieren seguir con su odioso vicio, empieza a tener adeptos y voceros, como una que ya está incluida en la libreta con el, ay, largo listín de las ex-amistades, por decirme tan pánfila y risueña, hablando de otra amiga común de ambas, que debería ponerse a tratamiento para sanarse del lesbianismo, y que lo bueno sería obligar a todos los homosexuales a curarse para que este mundo dejara de estar podrido. Sólo se me ocurrió recitarle unos versículos de la elegía de David, rey, músico, bailarín y poeta de Israel, al principe Jonatán, hijo de Saúl, caído como los héroes en el monte Gelboé, luchando contra los amalecitas, al lado de su padre, también muerto: "Angustiado estoy por ti, oh Jonatán, queridísimo.Tú eras mi dulce amor, mucho más dulce que el de las mujeres". Pero me callé y, tras dejar sin una palabra a la hitleriana, ya para siempre con su nombre subrayado en la lista de las ex amigas, mientras caminaba turulata entre una multitud semejante a una alegre y fabulosa ogresa con miles de miembros vestidos de rojo y amarillo y brazos con banderas al viento de los mismos colores, me pesó no haberlo hecho y preguntarle si consideraba que de verdad ese rey santificado y subido a los altares y su amante, el guapo Jonatán, eran un par de enfermos que empodrecían el aire. No lo eran. Tampoco los que son como ellos. |
Cuando alguien se tira a la vía del metro o cruza la del ferrocarril por lugar indebido puede quedar mutilado o muerto, pero la desdicha no se agota en su cadáver ni se acaba en su cuerpo desmembrado, sino que daña también al conductor que debe vivir medicado bajo control psiquiátrico; y siempre que alguien sentencie que las personas homosexuales están enfermas, pero son curables, comete una agresión contra ellas y sus madres y padres y cuantos las quieren. Es una infamia expeler una aseveración tal, porque se trata de una mentira muy nociva, cargada de violencia y de muerte. Además, los únicos enfermos son los que hablan de enfermedad respecto de gais y lesbianas y de su curación para pertenecer al mundo de los sanos, es decir, de los heterosexuales.






